La sequía y el calor, otro golpe a los más pobres
Colombia atraviesa un desastre ambiental por cuenta de los incendios producto de la ola de calor y sequía por el fenómeno de El Niño, un drama que se volvió parte del paisaje año tras año, pero que nadie parece ponerle seriedad para evitar los impactos, especialmente en regiones habitados por los más pobres.
Colombia no cuenta con una política sería de prevención ante esta problemática que debe estar enfocada en la protección y constante atención a zonas de riqueza natural, las cuales son un tesoro para la nación, pero que no se le da la importancia necesaria, y las autoridades autoridades solo resumen la complejidad a trabajos con miembros de bomberos cuando ya hay estragos.
La decidía es tal de los entes gubernamentales, que la inmensa mayoría de municipios no cuentan con un cuerpo de bomberos ni mucho menos con políticas para prevención y atención de desastres. ¿Será que eso no les genera ganancias a los gobernantes? Es tan evidente La indiferencia con este problema que ni para apagar un incendio se tiene conocimiento.
Las imágenes de los más pobres tratando de buscar agua en esta época de sequía, refugiándose de las altas temperaturas y, en muchos casos, del fuego por los incendios, es de lo más desalentador. Una realidad propia de un país en el que parece que poco o nada importa la dignidad y bienestar del otro.
La realidad que vive el país hoy por los incendios, deja ver las grandes necesidades en temas logísticos, tecnológicos y operativos para atender dichas emergencias. Uno de los ejemplos claros es lo que vive Bogotá, donde se concentra la mayor parte de la operatividad y órganos del país, pero también allá les ha sido difícil. ¿Se imaginas la realidad en las zonas más apartadas?
A la fecha, según el Ideam, más de 900 municipios tienen alguna clase de alerta, más de 600 alerta roja por incendios, lo que evidencia el riesgo en el que nos encontramos, y lo peor, sin planes para contener el drama que podría empeorar teniendo en cuenta que el fenómeno de El Niño se sentirá fuerte hasta el mes de marzo.
De esta situación actual, los gobiernos deberán aprender la lección y ponerse serios en la planificación a la hora de crear sus planes de prevención y atención de desastres. No se pueden esperar las inundaciones para colocar sacos de arena ni la sequía para los llevar carro tanques. Se necesitan soluciones integrales y estructurales.
Y ni hablar del drama por el aumento en el consumo de la energía eléctrica por la ola de calor, lo que encarece el servicio, otra compleja situación para las familias pobres que deben elegir entre comer o pagar dicho servicio. Este hecho también impacta las economía populares, pues son muchos los pequeños y medianos comerciantes que prefieren cerrar sus negocios a seguir pagando un excesivo recibo.
Todo ocurre bajo el desconocimiento de muchos mandatarios que a través de las vías jurídicas como declarar una Calamidad Pública y armar un comité de atención, para manejar los recursos necesarios ante las eventualidades, pueden lograr soluciones iniciales y, si es necesario, declarar la urgencia manifiesta si las situaciones empeoran. Las leyes y la constitución protegen estas decisiones, por eso es fundamental asumir el rol de líder responsable y con el conocimiento necesario por los desastres naturales que se puedan presentar.
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